miércoles, 21 de noviembre de 2007

“SI TUVIÉRAMOS UN PRESUPUESTO MÁS ALTO PODRÍAMOS LLEVAR A CABO MÁS PROYECTOS”


Afirmó el decano, Doctor Edgardo Omar Nosetto. También nos comentó cuales son los servicios que se ofrecen a la población, desde la Facultad de Ciencias Veterinarias

¿Cuáles son los servicios que brindan desde la facultad?
La facultad presenta servicios de diversos tipos, no solamente de atención a los animales. Tenemos un hospital acá en la facultad donde se atienden pequeños animales, es decir perros y gatos. Tienen servicios de internación y también la parte de caballos tiene una demanda importante acá en La Plata. También hay una clínica a ambulatoria que atiende en el campo, principalmente bovinos y cerdos.
Después tenemos servicios de tecnología de alimentos, desde la cátedra de tecnología de alimentos, tenemos un laboratorio que presta servicios en el control de calidad.
¿Cuántas son las áreas de servicios con las que cuenta la facultad?
Hay muchas áreas de servicios están las de diagnósticos, las de producción y venta de reactivos de diagnósticos. Otro servicio importante es la producción de ratones y ratas de laboratorio, tenemos un Bioterio, que produce animales, que debe ser prácticamente uno de los mejores del país y que abastece prácticamente a toda la industria farmacéutica.
Tenemos un centro de diagnostico en Cháscomus, que trabaja directamente con los productores rurales.
¿Cuáles son los objetivos de estos servicios?
Nosotros tenemos lo que es extensión desde dos puntos de vista, uno es el servicio como atención donde hay una recaudación que es para la facultad, que le provee fondos a la facultad. Y la otra es la extensión comunitaria, no produce beneficio económico pero es la que damos hacia el medio como transferencia. Por ejemplo el plan de vacunación. En estos momentos hemos firmado un convenio con el Ministerio de Asuntos Agrarios, por el cual, se va a hacer una campaña de control de perros callejeros, campaña de esterilización de animales en el interior de la Provincia de Buenos Aires.
Los planes de vacunación que se llevan a cabo desde la facultad ¿se llevan a cabo durante todo el año?
Se llevan a cabo cuando son necesarios, se hacen esporádicamente. Cuando son necesarios. Trabajamos en conjunto con el Laboratorio de Salud Pública (biológico) que producen vacunas y con ellos hacemos campañas periódicas de vacunación.
¿Quiénes son los responsables de estas campañas?
En estas campañas van los docentes pero van alumnos como ayudantes. Pero los encargados siempre son los docentes.
¿Cuentan con el presupuesto necesario para realizar un servicio óptimo?
El presupuesto nunca es suficiente, se podría decir que nos podemos arreglar bastante bien en el desarrollo. Además contamos con subsidios en el área de investigación por parte de la Universidad.
¿Cómo es la demanda de estos servicios?
No tengo el número exacto de este año pero te puedo decir que el año pasado hemos atendido entre 3000 perros y gatos en el hospital de la facultad. En caballos no tengo la cifra pero es abundante.
¿Cuáles son los proyectos de extensión que hoy en día tienen en esta unidad académica?
Uno de los proyectos de extensión que son conocidos, es el de tenencia responsable de animales, este se esta implementando este año. Si tuviéramos un presupuesto más alto podríamos llevar a cabo más proyectos. Aquellos que son mucho más costosos.
También en el área de extensión tenemos lo que es de cooperación con Latinoamérica, que son proyectos conjuntos casi siempre con la Cancillería Argentina y con Japón, que se encarga de financiar los proyectos. En estos momentos tenemos proyectos en marcha para organizar una red de facultades de veterinaria con Bolivia, Paraguay y Uruguay.
¿Cuáles son los proyectos de mayor urgencia para esta facultad?
Deberíamos ampliar y organizar bien lo que es el hospital de la facultad.

Por Estrada Leila

Un mundo insoportable

(por Nora Veiras) Lunes 19-mar-2007 Era domingo a la tarde. Espléndido. Sol, una temperatura agradable, nada de viento. Un escenario ideado para disfrutar. En un sendero rodeado de inmensos árboles, esos añosos, que llevan generaciones viendo pasar la vida de los otros, tres criaturas se inquietan al vernos entrar. Sí, entrar porque el sendero conducía a un viejo club de tiro abandonado. El más grande, flaquito como todos, con las costillas al descubierto, se acerca: –No se asusten –dice e invita a evaluarlos–. No tenemos nada, nos perdimos y no sabemos cómo salir. –No hacemos nada –aparece otra voz más infantil todavía–. Nos estamos drogando, tranquilos. El tercero llevaba la infaltable lata de pegamento con la bolsita para poder encerrarse a aspirar en ese otro mundo. Les indicamos el camino, buscaron a un cuarto que estaba más desorientado aún, y se fueron con rumbo desconocido. Nosotros seguimos camino. Ibamos a ver las cabras, las vacas, la quinta de lechugas, cebollas, tomates y la plantación de maíz. Todo orgánico, todo natural, nada de tóxicos. En eso había mutado el inmenso terreno donde en algún tiempo se reunían para aprender a disparar con precisión. Del otro lado del camino, “la comunidad” seguía desplegando actividades. Desde las seis de la mañana un grupo de sesenta personas de distintas partes del mundo se organizan para autoabastecerse y abastecer a sus “clientes”. Elaboran cerámicas, panes, budines, trabajan en jardinería, reparten leche de vaca y de cabra. “Vivimos como la primera comunidad que siguió al hijo de Dios”, explica uno de ellos ante la incredulidad de alguien que intenta entender, pero choca en cada pregunta con sus propios prejuicios. Son de distintas edades, culturas, clases, todos diferentes pero todos movidos –creo– por un mismo objetivo: hacerse otro mundo posible. Para entrar a la comunidad dejan “todo”. Ni discos, ni ropa, ni películas. “Acá no hay nada de uno, todo es para todos”, repite una de las chicas que hace cinco años dejó atrás su otra vida. “¿Qué dejé?” –se pregunta y se responde: “la independencia, la libertad, pero tenía eso y no era feliz. Acá estoy bien, no hay egoísmo o, por lo menos, el egoísmo no es lo que rige todo como allá”. “Allá” es ese mundo en el que uno vive, sobrevive, a tientas tratando de “protegerse” ¿De qué? De todo, de los precios, del vecino, de la pobreza, de la soledad, y ahora ¡hasta del granizo! Un mundo en el que prima una ilógica de exterminio que ni el más diabólico demiurgo hubiera imaginado. Un mundo en el que los intentos colectivos son tachados, todavía, de sospechosos. En esa espléndida tarde de domingo me encontré con dos formas de evadirse de una realidad insoportable. Unos y otros cayeron o eligieron el afuera. ¿Y el resto?