viernes, 29 de junio de 2007

La Ciudad Vibró al ritmo de La Renga

Los días sábado 23 y domingo 24 de junio, la ciudad vibró al ritmo de la banda legendaria de Mataderos, sí estamos hablando de La Renga, que abrió el recital en el Estadio Único de La Ciudad con el corte, Oscuro Diamante, que hizo que miles de fanáticos disfrutaran del show.
Más de 100 mil personas desfilaron entre las dos presentaciones. La banda del Chizzo deslumbró con casi tres horas de recital presentando su último CD “Truenotierra” pero no dejó de lado a sus seguidores “los mismo de siempre” y tocó temas míticos como El Blues de Bolivia, Panic Show, La balada del diablo y la muerte y El rito de los corazones sangrando, entre otros.
Autos y micros repletos de fanáticos desde diferentes puntos del país llegaron a la ciudad Universitaria para ver al fenómeno de rock más importante de Argentina.
Ambos días se pudo ver a familias enteras que presenciaron el espectáculo desde las tribunas populares y plateas del Estadio Ciudad de La Plata.
El fervor y el calor de la gente era sorprendente. Mujeres y hombres se mezclaban en la multitud del campo...era un pogo permanente y la cantitos no cesaban.
La rambla de 32 fue el lugar de encuentro para muchos de los fanáticos y se tomaron su tiempo para hacer asados y usarlo como sanitarios públicos.
Pero no podemos dejar de lado, los incidentes del día domingo, cuando un grupo de fanáticos, que no poseían la entrada para poder ver el recital se enfrentó con la policía y dejaron muchos negocios de los alrededores destrozados.
La Renga volvió a la ciudad de los diagonales después de 4 años, ya que en el 2003 se había presentado en la cancha del bosque.
Esta legendaria banda se formo a fines del ´87 cuando Chizzo, Locura, Tete y Tanque decidieron juntarse para festejar la noche de año nuevo tocando en el barrio de Mataderos. Esa noche fue el origen de lo que llamarían, tiempo después, La Renga.

Al año siguiente comenzaron los primeros recitales en pequeños lugares y en el 89 grabaron lo que luego en el 91 se distribuiría como Esquivando Charcos, la primera producción totalmente independiente.
Luego editaran cinco discos más: Adonde me lleva la vida, Bailando en una pata, Despedazado por mil partes, La esquina del infinito e Insoportablemente vivo para no parar con sus éxitos.

martes, 26 de junio de 2007

La violencia pisa fuerte en el Fútbol


Qué decir de hechos violentos que se han llevado a cabo en los últimos días, en los últimos años...en toda la historia de este deporte llamado FÚTBOL. Ya sea en la primera A, en la B, o la C, en todas las categorías de este entretenimiento tan popular y apasionante como es el FÚTBOL. ¿Pero entretenimiento para quienes? Sólo para unos pocos, sólo para aquellos hinchas que lleva a su club en el corazón y no para aquellos incivilizados que dan nota por el grado incompetencia al actuar.
Muchos son los cotejos en los que se produjeron incidentes de todas las categorías.
El incidente que se produjo en la cancha de Nueva Chicago entre los hinchas de Tigre y los de mataderos dejó como saldo un muerto y varios heridos.
Pero podemos recordar también los hechos que ocurrieron en el encuentro de la Primera B Nacional donde se enfrentaron los fanáticos de Almirante Brown y Estudiantes de Buenos Aires.
Éstos no son los únicos casos que existen de violencia en el fútbol. Son innumerables y no terminaríamos nunca de detallarlos.
Sin embargo no podemos dejar de referirnos a la presunta agresión del ex presidente del club Gimnasia Esgrima de la Plata, Juan José Muñoz, al arbitro Daniel Jiménez.
Otras acciones violentas que se dan con frecuencia son las que producen los barra bravas de River y Boca.
Estas son acciones que no deberían existir en este deporte. En este gran espectáculo deportivo que mueve a multitudes de personas.
En la mayoría de los países de Europa, los estadios de fútbol no cuentan con vallas perimetrales y el público disfruta del partido sin ingresar al campo de juego. En Argentina en cambio, no se puede frenar que la gente ingrese con piedras y bombas de estruendo, es por eso que sería imposible sacar los alambrados.
Acá ningún operativo de seguridad puede impedir los desmanes y evitar que la fiesta del juego se convierta en un show irracional y violento.
El fútbol de a poco se fue convirtiendo en un negocio, en el que conviven los delincuentes disfrazados de hinchas, los dirigentes que los apañan y los futbolistas que aportan de sus propios bolsillos.
Pero este circulo esta respaldado por el dirigente máximo del fútbol argentino, Don Julio Grondona, que se encuentra el como presidente de la AFA desde hace 28 años.
En nuestro país la violencia es moneda corriente, es cosa todos los días no solo en este deporte.
En esta sociedad a nadie le asombra que la barbarie pise fuerte en el fútbol.
La impunidad continúa y cada vez es mayor el poder con el que cuentan los barra bravas.
Esta y por muy dura que sea, es hoy la realidad de nuestro fútbol argentino. Y nadie hace nada por cambiarla. Nadie se responsabiliza por los hechos y la pelota continua rodando empapada en sangre y con la muerte de muchos inocentes.
Leila Estrada



Las instituciones y el hambre

Por José Pablo Feinmann

Hará unos días fui a un coloquio. Eran las 12.30 y ésa no es mi mejor hora. Había mucha gente y volví a insistir con la cuestión del hambre en el país. Estamos sentados sobre el hambre. Dormimos sobre el hambre. Y lo peor: comemos sobre el hambre. Y aún peor: nos acostumbramos al hambre. Es un paisaje cotidiano. Los guías de turismo llevan a los turistas a Puerto Madero y les muestran las torres. ¡Qué ciudad Buenos Aires! Busca el Cielo como lo buscó Nueva York. Las Torres arañan las alturas, los hambrientos arañan los basurales para encontrar algo para comer. Es indecente. Dije, entonces, en ese coloquio: “Si hay guita para los pobres, no me importan tanto las instituciones”. Era una frase densa, cargada de historicidad, ya lo veremos. Al día siguiente, una agencia de noticias dijo: “El filósofo kirchnerista José Pablo Feinmann dijo”. Y aquí: mi frase. Conozco todo tipo de filósofos. Hay filósofos tomistas. Hay filósofos kantianos o hegelianos. Hay filósofos marxistas, cada vez menos dados los tiempos de derecha o ultraderecha que vivimos. Hay filósofos fenomenólogicos. O sartreanos. O foucaultianos. O derrideanos. Hay apasionados de Wittgenstein. O de Heidegger, que es la barrera contra el marxismo. Pero, ¿filósofos kirchneristas? Seamos sinceros, lo que el cable quería decir era lo siguiente: yo era filósofo y, también, era políticamente kirchnerista. Cuánta pavada se escribe. ¿Por qué era yo “kirchnerista”? Porque había “atacado a las instituciones”. Todos sabemos que, desde el periodismo radial, o desde el periodismo escrito (algunos de cuyos representantes se han transformado en “mártires de la prensa libre” porque los echaron de alguna parte o en columnistas de un diario al que nunca habrían accedido si no escribieran notas que afirman que con Menem estábamos mejor o columnistas prestigiosos que se obstinan en la “defensa de la República”) se acusa a Kirchner de ser el maltratador o, sin más, el enemigo declarado de la República. Esta gente sabe lo que hace. Mienten porque no han defendido a la República. Esto no es hacer política con el pasado. Pero cada cual carga con su pasado. El pasado de un hombre es la suma de los actos que ha hecho. Esa es su facticidad: no puede negarla. El es lo que ha hecho. Ahora, en el presente, puede ser otra cosa porque es libre. Pero nadie puede borrar su pasado. Las tribunas desde las que se acusa a este gobierno de violar las instituciones de la República las han violado siempre. A Yrigoyen lo voltearon por “demagogo” y “enemigo de las instituciones”. A Perón ni hablar: era la negación del espíritu republicano. A Illia, porque era tan débil que hacía peligrar las instituciones. A Cámpora, porque lo apoyaba la izquierda revolucionaria que, en efecto, se desentendía de las instituciones porque eran expresión del poder burgués. Y a Isabel Perón porque no sabía gobernar la república, que corría el peligro de su destrucción material y moral. El golpe a Chávez se organizó así: defensa de las instituciones, más medios de comunicación altisonantes, más ayuda de la Embajada de los Estados Unidos y el Departamento de Estado. Chávez eludió el zarpazo. Hay un viejo chiste que dice: “¿Sabe usted por qué no hay golpes de Estado en EE.UU.? Porque no hay embajada norteamericana”. De modo que toda esta cuestión del republicanismo y las instituciones me huele a cinismo por un lado (los que la exigen jamás han sido republicanos y se han encargado de derrocar a las instituciones en numerosos golpes de Estado) y están preparando la atmósfera ideológica para una aventura como la que le hicieron a Chávez en Venezuela. Porque es cierto que Kirchner se ve hegemónico y que hipergobierna y trata mal a ciertas personas. Pero sobre todo a los suyos. ¿Que no hace conferencias de prensa ni reuniones de gabinete? Hay cosas más importantes que exigirle.
Los pocos, muy pocos gobiernos, que le dieron algo al pueblo en este país fueron personalistas y autoritarios. Rosas, en el siglo XIX. Sus enemigos, los cultos y elegantes liberales o unitarios, destilaban tal desdén por las clases bajas que ese desdén no era sólo eso, era más que eso: era odio y era, sobre todo, el aliento de la venganza, la espera de la oportunidad. El pueblo, escribe Mármol en Amalia, llevaba “estampado en su fisonomía el repugnante sello de la insolencia plebeya”. Daniel Bello le dice a Amalia que enfrentará a sus enemigos: “A la fuerza yo opondré la astucia, y trataré de extraviar el instinto de la bestia con la inteligencia del hombre”. Odian a Rosas porque ataca “la nobleza de la República”. Y dicen que el tirano ofende más a las mujeres que a los hombres porque éstas tienen el valor de oponerse a “los enojos del tirano y de la plebe armada e insolentada por él”. Supongo que nadie creerá que defiendo a la Mazorca. (¿Para qué escribe uno tantos libros? Si usted, querido republicano, quiere refutarme, lea, al menos, La sangre derramada y verá qué opino de la Mazorca. Pero aquí se lo juzga a uno por una frase suelta en un coloquio, arrancada de su contexto y no por su obra. O por un copete que aparece en un semanario.)
Rosas defendió a los negros, a los gauchos y a los indios. Deterioró las instituciones y los unitarios tuvieron que exiliarse. Mármol y Sarmiento escriben las frases más racistas de la historia argentina. La cuestión es compleja: uno no puede estar con Rosas, pero les dio de comer a las clases bajas (al popolo minuto) y les permitió “ensoberbecerse”, frase de Mármol. Es decir, les permitió sentirse “iguales” a los dueños de la tierra y de la patria.
Perón, muy parecido: con un esquema autoritario, verticalista, agresivo. Con una mujer que destilaba rencor y amaba a los “grasitas”, le dio al pueblo lo que nunca había tenido y lo que nunca jamás habría de tener. Una de sus estadísticas injuria como pocas el espíritu de la República: nunca fue tan alta la distribución del ingreso en favor de los pobres. Es cierto, debilitó las instituciones. Pareciera que para tocar los intereses de los poderosos y hacerles largar algo de su opulencia para el lado del barro, donde los miserables viven, hay que tocar sus intereses, molestarlos, aunque sea, un poco. Nunca mucho. Porque nadie, en esta tierra se atrevió a agredirlos seriamente, ni Rosas ni Perón. También Mariano Moreno tenía escasa consideración por las instituciones y la República. Gobernó con un Ejecutivo fuerte y estrecho. Lean, si no lo han leído, su Plan de operaciones. Quería embargar las grandes fortunas. Poner al Estado en el centro de la Economía. Hacer la guerra a quienes se opusieran a su jacobinismo sin burguesía revolucionaria. Su Ejecutivo restringido lo llevó a no contar con un poder de masas y terminó sirviendo a Buenos Aires. No lo envenenaron. Era amigo de Inglaterra y Saavedra no tenía coraje ni imaginación como para complicarse con semejante acto.
Como vemos, hasta ahora, los gobiernos que le dieron algo al bajo pueblo fueron autoritarios. Y los que no le dieron nada, también. Y peor. Mató más la “Libertadora” que Perón. Mató más Urquiza y los asesinos de la “guerra de policía” de Mitre (inspirada por las acciones del Mariscal Bougeaud en Argelia), Ambosio Sandes, Wenceslao Paunero y el mayor Irrazábal, que Rosas. Mató más Roca (que, él sí, fue nuestro Bougeaud) que la Mazorca. Pero la Mazorca mataba niños bien; Roca, indios levantiscos. No es lo mismo para la salud de la República.
No soporto vivir en un país ni en un mundo con hambre. Y somos muchos. En Africa Central la desnutrición es pavorosa, total. Hay fotos de niños que son apenas piel y huesos. Según Unicef un 55 por ciento de las muertes de niños es por desnutrición. He visto –como fácilmente se puede ver– fotos de niños revolviendo basurales en busca de restos de comida y, volando sobre ellos, a la espera, cuervos, ya que para esos cuervos la basura son esos niños. En EE.UU. miles, miles y miles de niños y jóvenes mueren por consumo de drogas. Giuliani limpió Nueva York metiendo el crack entre los negros y los “indeseables”. Arrasó con ellos. EE.UU. es el mayor consumidor de drogas y cocaína. EE.UU. es un país autoritario, paranoico, vigila a su población como la peor de las dictaduras. Se acabó la novela rosa de la “gran democracia del norte”. Y aquí, en nuestro país, el panorama es también desolador. Torres opulentas para los ricos, desamparo y hambre para los pobres. ¿Qué espera K? ¿Qué espera el Congreso? ¿Qué esperamos todos? El “gradualismo” no sirve para paliar el hambre, porque el hambre es hoy, es ahora. Es hoy que se mueren los chicos. O que se drogan. O que salen a matar por dos pesos y terminan muertos por la cana, que los odia por la cara que tienen, porque son negritos, o bolitas, o paraguas, esos nombres de la indefensión y de la xenofobia. El Gobierno tiene que tocar intereses. Y si para tocar intereses y alimentar a los hambrientos tiene que endurecerse, el costo lo vale. Eso quise decir en ese coloquio. Acaso esté equivocado. Pero si esa equivocación sirve para salvar la vida de un pibe, o sacar a una niña de la prostitución, que es escandalosa (averigüen, si todavía no lo han hecho, las cifras de la prostitución infantil en América latina y me van a entender mejor, averiguen las cifras de la prostitución infantil en el conurbano), prefiero equivocarme. Primero, el hambre; después (o al mismo tiempo), la República. Pero una República con hambre es una farsa. O lo de siempre: una República para los ricos, y un territorio cenagoso para los subalternos, una tierra turbia y escasa, que alimenta el odio, el hartazgo. Y, para colmo, como en Francia, ha ganado en Buenos Aires la derecha que privilegia la seguridad de los pudientes por sobre el hambre de la negritud, a la que mira con resquemor porque ve en ella más al delincuente que al ciudadano. Cuidado: puede ocurrir que el pueblo bajo no aguante más. Que inunde la centralidad opulenta. Que, ustedes, que aman la república sin equidad, tengan que matar, transformarse en bárbaros más bárbaros que los bárbaros. Porque al hambre se lo colma o se lo fusila. Y si lo fusilan van a tener que volver a sus casas y decirles a sus hijos, que preguntarán, que ahora, además de ser sus padres, además de ser republicanos y velar por las instituciones, son asesinos.


Página 12- Dom 10 de Junio

lunes, 25 de junio de 2007

LA VIDA DE LOS OTROS

La vida de los otros del director alemán Florian Henckel von Donnersmarck, es un film reconocido internacionalmente ya que obtuvo varios premios, entre otros consiguió nada menos la estatuilla más apreciada de Hollywood, el Oscar, como la mejor película de no habla inglesa.
Este film muestra como la Stasi, policía secreta de la Republica Democrática Alemana, tenía el poder de espiar a todos los que resultaran sospechosos de ser participe de la resistencia a las reglas del régimen.
El protagonista Gerd Wiesler (Ulrich Mühe), es un solitario capitán de la policía secreta, se siente atraído por los personajes a los que espía: el escritor Georg Dreyman (Sebastián Koch) y la actriz Christa-Maria Sieland (Martina Gedeck), por motivos que nada tienen que ver con ideas políticas si que descubre la existencia de gente que se quiere, de gente que tiene amigos, de gente que “vive”. De los “otros”, que no están sometidos a la rigidez burócrata en la cual él ve transcurrir sus días.
Es una película para ver, su trama es fascinante y atrapa al espectador en todo momento poniendo toques de emoción y angustia. La verdad es un film muy interasante...

domingo, 24 de junio de 2007

Un mundo insoportable

(por Nora Veiras) Lunes 19-mar-2007 Era domingo a la tarde. Espléndido. Sol, una temperatura agradable, nada de viento. Un escenario ideado para disfrutar. En un sendero rodeado de inmensos árboles, esos añosos, que llevan generaciones viendo pasar la vida de los otros, tres criaturas se inquietan al vernos entrar. Sí, entrar porque el sendero conducía a un viejo club de tiro abandonado. El más grande, flaquito como todos, con las costillas al descubierto, se acerca: –No se asusten –dice e invita a evaluarlos–. No tenemos nada, nos perdimos y no sabemos cómo salir. –No hacemos nada –aparece otra voz más infantil todavía–. Nos estamos drogando, tranquilos. El tercero llevaba la infaltable lata de pegamento con la bolsita para poder encerrarse a aspirar en ese otro mundo. Les indicamos el camino, buscaron a un cuarto que estaba más desorientado aún, y se fueron con rumbo desconocido. Nosotros seguimos camino. Ibamos a ver las cabras, las vacas, la quinta de lechugas, cebollas, tomates y la plantación de maíz. Todo orgánico, todo natural, nada de tóxicos. En eso había mutado el inmenso terreno donde en algún tiempo se reunían para aprender a disparar con precisión. Del otro lado del camino, “la comunidad” seguía desplegando actividades. Desde las seis de la mañana un grupo de sesenta personas de distintas partes del mundo se organizan para autoabastecerse y abastecer a sus “clientes”. Elaboran cerámicas, panes, budines, trabajan en jardinería, reparten leche de vaca y de cabra. “Vivimos como la primera comunidad que siguió al hijo de Dios”, explica uno de ellos ante la incredulidad de alguien que intenta entender, pero choca en cada pregunta con sus propios prejuicios. Son de distintas edades, culturas, clases, todos diferentes pero todos movidos –creo– por un mismo objetivo: hacerse otro mundo posible. Para entrar a la comunidad dejan “todo”. Ni discos, ni ropa, ni películas. “Acá no hay nada de uno, todo es para todos”, repite una de las chicas que hace cinco años dejó atrás su otra vida. “¿Qué dejé?” –se pregunta y se responde: “la independencia, la libertad, pero tenía eso y no era feliz. Acá estoy bien, no hay egoísmo o, por lo menos, el egoísmo no es lo que rige todo como allá”. “Allá” es ese mundo en el que uno vive, sobrevive, a tientas tratando de “protegerse” ¿De qué? De todo, de los precios, del vecino, de la pobreza, de la soledad, y ahora ¡hasta del granizo! Un mundo en el que prima una ilógica de exterminio que ni el más diabólico demiurgo hubiera imaginado. Un mundo en el que los intentos colectivos son tachados, todavía, de sospechosos. En esa espléndida tarde de domingo me encontré con dos formas de evadirse de una realidad insoportable. Unos y otros cayeron o eligieron el afuera. ¿Y el resto?