viernes, 27 de abril de 2007

FACULTAD DE ARQUITECTURA

Nuevas pasantías

La dirección de Asuntos Estudiantiles de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) informó que continúa abierta la inscripción al programa de Pasantías 2007 para aquellos alumnos interesados en trabajar en calidad de pasantes en los diferentes estudios de arquitectura, empresas constructoras y también en áreas de la facultad

Aquellos que quieran acceder a estas oportunidades laborales deberán registrarse a dicho plan de pasantías, recordando que todo el estudiantado podrá disponer de esta posibilidad. La casa de altos estudios informó que sólo será el nexo entre los estudiantes y las empresas elegidas por el pasante.Los ingresantes deberán completar una planilla, adjuntando un Curriculm Vitae, mientras que los alumnos regulares tendrán que hacer el mismo trámite aportando además un certificado analítico.


Otro lado, aquel estudiante que ya esté anotado deberá reinscribirse y completar la planilla correspondiente adjuntando un C.V y un certificado de estudios actualizado. Cabe destacar, que la Dirección de Asuntos Estudiantiles, encargada de la entrega de estas pasantías, tiene por objeto relacionar a los estudiantes con el medio social. “Buscamos integrar al estudiante al mundo laboral”, afirmaron representantes del área.

martes, 24 de abril de 2007

Recuerdos Familiares


San Juan de Marcona...Perú
Este es un hermoso lugar que conoci en las vacaciones 2007 con mi familia. Este sitio es importante en mi vida porque mi padre vivió su infancia ahi y desde que tengo recuerdos que me habla de su Marcona querido...
La verdad es que no tengo palabras para describir la emoción que senti al acompañarlo. Ver la alegría de mi papá reflejada en el rostro fue algo maravilloso...verlo disfrutar de su lugar... después de 30 años...

Un mundo insoportable

(por Nora Veiras) Lunes 19-mar-2007 Era domingo a la tarde. Espléndido. Sol, una temperatura agradable, nada de viento. Un escenario ideado para disfrutar. En un sendero rodeado de inmensos árboles, esos añosos, que llevan generaciones viendo pasar la vida de los otros, tres criaturas se inquietan al vernos entrar. Sí, entrar porque el sendero conducía a un viejo club de tiro abandonado. El más grande, flaquito como todos, con las costillas al descubierto, se acerca: –No se asusten –dice e invita a evaluarlos–. No tenemos nada, nos perdimos y no sabemos cómo salir. –No hacemos nada –aparece otra voz más infantil todavía–. Nos estamos drogando, tranquilos. El tercero llevaba la infaltable lata de pegamento con la bolsita para poder encerrarse a aspirar en ese otro mundo. Les indicamos el camino, buscaron a un cuarto que estaba más desorientado aún, y se fueron con rumbo desconocido. Nosotros seguimos camino. Ibamos a ver las cabras, las vacas, la quinta de lechugas, cebollas, tomates y la plantación de maíz. Todo orgánico, todo natural, nada de tóxicos. En eso había mutado el inmenso terreno donde en algún tiempo se reunían para aprender a disparar con precisión. Del otro lado del camino, “la comunidad” seguía desplegando actividades. Desde las seis de la mañana un grupo de sesenta personas de distintas partes del mundo se organizan para autoabastecerse y abastecer a sus “clientes”. Elaboran cerámicas, panes, budines, trabajan en jardinería, reparten leche de vaca y de cabra. “Vivimos como la primera comunidad que siguió al hijo de Dios”, explica uno de ellos ante la incredulidad de alguien que intenta entender, pero choca en cada pregunta con sus propios prejuicios. Son de distintas edades, culturas, clases, todos diferentes pero todos movidos –creo– por un mismo objetivo: hacerse otro mundo posible. Para entrar a la comunidad dejan “todo”. Ni discos, ni ropa, ni películas. “Acá no hay nada de uno, todo es para todos”, repite una de las chicas que hace cinco años dejó atrás su otra vida. “¿Qué dejé?” –se pregunta y se responde: “la independencia, la libertad, pero tenía eso y no era feliz. Acá estoy bien, no hay egoísmo o, por lo menos, el egoísmo no es lo que rige todo como allá”. “Allá” es ese mundo en el que uno vive, sobrevive, a tientas tratando de “protegerse” ¿De qué? De todo, de los precios, del vecino, de la pobreza, de la soledad, y ahora ¡hasta del granizo! Un mundo en el que prima una ilógica de exterminio que ni el más diabólico demiurgo hubiera imaginado. Un mundo en el que los intentos colectivos son tachados, todavía, de sospechosos. En esa espléndida tarde de domingo me encontré con dos formas de evadirse de una realidad insoportable. Unos y otros cayeron o eligieron el afuera. ¿Y el resto?